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viernes, 22 de junio de 2012

36 segundos...



Daniel y yo vivimos con nuestros cuatro hijos en el décimo tercer piso de un edificio en la ciudad de Taichung, en Taiwán. Huelga decir que el ascensor forma parte de nuestra vida cotidiana.

Había sido un típico día ajetreado. Había dedicado la mayor parte de mi tiempo y energías a entretener a los niños, darles de comer y evitar riñas entre ellos. Habíamos salido todos juntos —ni siquiera recuerdo para qué— y ya regresábamos a casa. Entramos al ascensor vacío, y uno de los niños apretó el botón. Se encendió el número 13 en el panel, y las puertas se cerraron.

—Niños, mamá y yo tenemos un importante anuncio — declaró mi marido en un tono que captó enseguida la atención de todos.

Yo no tenía ni idea de lo que iba a decir. Daniel es una persona espontánea. Siempre saca sorpresas de la manga, y nunca se sabe qué esperar de él. Por impulso, decidí enseguida acoplarme a su iniciativa y puse mi brazo en el suyo para agregar autoridad a lo que fuera a decir.

—Mamá y yo queremos que sepan que al cabo de catorce años de matrimonio todavía estamos total y absolutamente enamorados. Entonces se volvió hacia mí y me besó como novio en ceremonia nupcial.

Aquel gesto me tomó completamente desprevenida.

Los niños se rieron un poco y luego preguntaron: —Y ¿por qué ese anuncio es tan importante?

Daniel respondió que con tantos conflictos matrimoniales y tantos divorcios como hay hoy en día en el mundo, los niños necesitan saber que sus padres se aman. En ese momento miró a nuestro hijo a los ojos y le dijo: —El día de mañana, cuando te cases, debes tratar bien a tu mujer.

El timbre anunció el arribo al piso trece, y se abrieron las puertas del ascensor. Cuando entramos al departamento, los niños seguían chachareando y riéndose. Daniel y yo nos retiramos a nuestra habitación para disfrutar de unos momentos íntimos.

En los 36 segundos transcurridos entre la planta baja y el piso 13, Daniel nos unió como familia, nos hizo sonreír, le pasó a nuestro hijo una enseñanza para toda la vida e hizo que yo me sintiera de maravilla de pies a cabeza.  


Gentileza de la revista Conectate. Usado con permiso.

domingo, 17 de junio de 2012

REFLEXION PARA PAPA...

El abrazo del oso

Este cuento se refiere a un hombre joven cuyo hijo había nacido recientemente y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papá.
A este personaje lo llamaremos Alberto y en su corazón reinaban la alegría y los sentimientos de amor que brotaban a raudales dentro de su ser.
Un buen día le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, pues a partir del nacimiento de su bebé todo lo veía hermoso y aun el ruido de una hoja al caer le sonaba a notas musicales.
Así fue que decidió ir a un bosque; quería oír el canto de los pájaros y
disfrutar toda la belleza.
Caminaba plácidamente respirando la humedad que hay en estos lugares, cuando de repente vio posada en una rama a un águila que lo sorprendió por la belleza de su plumaje.
El águila también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos y tenía
como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar un pez y llevarlo a su nido como alimento; pues significaba una responsabilidad muy grande criar y formar a sus aguiluchos para enfrentar los retos que la vida ofrece.
El águila al notar la presencia de Alberto lo miró fijamente y le preguntó: "¿A dónde te diriges buen hombre? Veo en tus ojos la alegría" por lo que Alberto le contestó: "es que ha nacido mi hijo y he venido al bosque a disfrutar, pero me siento un poco confundido".
El águila insistió: "Oye, ¿y qué piensas hacer con tu hijo?".
Alberto le contestó: “Ah, pues ahora y desde ahora, siempre lo voy a proteger, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío. Yo me encargaré de que tenga todo lo que necesite, y día con día yo seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo; lo defenderé de los enemigos que pueda tener y nunca dejaré que pase situaciones difíciles”.
“No permitiré que mi hijo pase necesidades como yo las pasé, nunca dejaré que eso suceda, porque para eso estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada”.
Y para finalizar agregó: "Yo como su padre, seré fuerte como un oso, y con la potencia de mis brazos lo rodearé, lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe".
El águila no salía de su asombro, atónita lo escuchaba y no daba crédito a lo que había oído. Entonces, respirando muy hondo y sacudiendo su enorme plumaje, lo miró fijamente y dijo:
"Escúchame bien buen hombre. Cuando recibí el mandato de la naturaleza para empollar mis hijos, también recibí el mandato de construir mi nido, un nido confortable, seguro, a buen resguardo de los depredadores, pero también le he puesto ramas con muchas espinas ¿y sabes por qué? porque aún cuando estas espinas están cubiertas por plumas, algún día, cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré desaparecer todo este confort, y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso les obligará a construir su propio nido”.
“Todo el valle será para ellos, siempre y cuando realicen su propio
esfuerzo para conquistarlo con todo, sus montañas, sus ríos llenos de peces y praderas llenas de conejos”.
“Si yo los abrazara como un oso, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremisiblemente su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir”.
“Tarde que temprano lloraría mi error, pues ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie me llenaría de remordimiento y gran vergüenza, pues tendría que cosechar la impertinencia de mis actos, viendo a mi descendencia imposibilitada para tener sus propios triunfos, fracasos y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas”.
"Yo, amigo mío", continuó el águila, “podría jurarte que después de Dios he de amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que nunca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez, he de entender su juventud, pero no participaré de sus excesos, me he de esmerar en conocer sus cualidades, pero también sus defectos y nunca permitiré que abusen de mí en aras de este amor que les profeso".
El águila calló y Alberto no supo qué decir, pues seguía confundido, y mientras entraba en una profunda reflexión, ésta, con gran majestuosidad levantó el vuelo y se perdió en el horizonte.
Alberto empezó a caminar mientras miraba fijamente el follaje seco disperso en el suelo, sólo pensaba en lo equivocado que estaba y el terrible error que iba a cometer al darle a su hijo el abrazo del oso.
Reconfortado, siguió caminando, solo pensaba en llegar a casa, con amor abrazar a su bebé, pensando que abrazarlo solo sería por segundos, ya que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad para mover piernas y brazos, sin que ningún oso protector se lo impidiera.
A partir de ese día, Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres.

sábado, 16 de junio de 2012

BRISAS DE CUNA....

Hay realmente pocas cosas en la vida que me llenen tanto como el entrar al cuarto de mis hijos cuando duermen, escudriñarlos dormidos y que el único ruido que se sienta sea el de sus respiraciones infantiles. Esta es una nota dedicada a esa sensación única. Todas las noches que compartimos juntos, los pongo a dormir con un beso, es el famoso beso de las buenas noches. Pero hay otro que le sucede cuando ellos ya están dormidos en sus camitas, el cuarto está oscuro y yo me dispongo a irme a dormir. A este beso no sabría como llamarlo, el de las buenas noches ya se los di. Entro a sus habitaciones cuidando no hacer ningún ruido y les doy un beso de esos que te ponen contento.

En esos cuartos donde hace unos minutos se escuchaban a veces gritos, otras veces rabietas, o risas, y siempre juguetes ruidosos, ahora hay calma. Solo se escucha el sonido de una brisa suave, la que produce la respiración de un niño. Por más que todos respiremos, lo vital de este acto es algo a lo cual no le prestamos demasiada atención. Ni siquiera somos muy conscientes de nuestra propia respiración. Soy de esos padres, como otros tantos millones, que nos gusta sentir y disfrutar de la suave armonía que genera el llenado y vaciado de esos pequeños pulmones. La placidez del descanso, la soledad del momento y los afectos calmos encerrados en una habitación infantil. Hacen de esos instantes algo necesario. Por lo menos para mí. A Gabby  le pasa lo mismo, peregrinamos al cuarto de nuestros hijos para tan solo tocarlos, para tan solo sentir el airecito de la vida, con la escusa de acomodar una cobija para poder confesarnos sobre la inmensidad del amor de un padre para con un hijo.
Hay veces que cuando cierto resplandor entra por la puerta me quedo ahí quieto mirándolos, agradeciendo esos momentos de paz, la paz que deviene de otros en los cuales lo ocupan todo en nuestras vidas. Miro a Gerardo y a Fhernanda  como antes los miraba en mis suenos... y me vuelvo profundamente creyente. Agradezco el haber tenido la Bendicion  de esas brisas cortas que ocupan la vida en cosas trascendentes.  
Estoy convencido que una parte de ellos, una parte de sus consciencias infantiles, percibe nuestra presencia, saben reconocer las caricias y las manos que acomodan la almohada y peluches. Me digo a mi mismo que los amo, y seguro de que en momentos así no pueden haber sueños que anulen la consciencia. Nos encontramos y nos comunicamos en ese limbo de los afectos en el cual solo se pueden expresar los padres y sus hijos. Planto mis labios en un cachete regordete que es probable que se pierda cuando crezca, siento su suave respiración más cortita que la mía, su olorcito a infancia y aventuras, y me invade el sentido de la vida. Muchas veces, y como para despedirme, con la palma de mi mano le acaricio suavemente el cabello, me voy alejando de los besos que ponen contento, como si necesitara de otros estímulos y otros con tactos.
Cuando nuestros hijos van creciendo y se vuelven adolescentes, y posteriormente adultos, estos instantes pasan a formar parte de los recuerdos de una paternidad temprana. Con cada hijo me voy dando cuenta de como extraño ese vínculo de los primeros años. Pero estoy tan convencido de que sienten nuestra presencia que yo aún percibo en mí las caricias y los besos de mi madre siendo apenas un recién nacido. Es muy probable que sea mi recuerdo más temprano, como para mi madre, o para mí ahora, esas brisas de cuna sean de los más bellos momentos vividos como padre.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Que significa ser padres?

No hay un manual completo, ni mucho menos perfecto que enseñe a ser buenos padres.Pero aquí hay unas ideas que pueden ayudar…
Ser padre significa dar ejemplo, comprensión y cariño a nuestros hijos.
Nos hace responsable de ayudarle a convertirse en una persona Autónoma.
Aproveche todos los momentos apropiados para abrazarlo y decirle cuánto lo quiere.
Trate de solucionar y negociar los conflictos con su hijo buscando juntos una rreglo aceptable para ambos.
Ayude a su niño a reconocer sus capacidades y sus dificultades, para que pueda trabajar con ellas y
esforzarse por superarlas.
Nunca hable del estudio, del colegio o de los profesores en forma negativa. Le está perjudicando.
Bríndele usted su buen ejemplo; trate a su hijo y a las demás personas con amabilidad y respeto.
Haga caso a los sentimientos de su hijo, escúchelo con interés, paciencia y cariño. Trate de ponerse en el lugar de su hijo y de imaginar cómo se siente.
El elemento clave de la buena comunicación es el respeto.
Enséñele a cuidarse sin sobreprotegerlo. Sea constante y firme.
La comunicación no es un mero intercambio de palabras, sino un acto de confianza, sinceridad y comprensión.
Las palabras tienen un gran poder para fortalecer o debilitar la autoestima de una persona.
Reconozca el esfuerzo de su hijo y aprecie sus logros. Ayude a su hijo a organizar su tiempo.
Asegúrese de que su hijo asista todos los días a la escuela.
No permita que abandone los estudios.
Enséñele a dividir las tareas en pequeñas partes para alcanzar los mejores resultados. Fomente la lectura.
Participe en las actividades y festejos de la escuela; si es posible, colabore con la asociación de padres de familia.
Importancia de enseñar límites, que aprendan normas, que toleren la frustración.
Los más importante es inculcarle una actitud positiva, enseñarle a equivocarse, si existe un problema buscar soluciones.
Una buena alimentación es la base para conservar la salud. Un niño bien alimentado tiene más defensas contra las enfermedades, y en caso de padecerlas, se recupera más rápido.
Una alimentación deficiente disminuye la capacidad de aprendizaje y el rendimiento físico de los niños. Importancia de Desayunar.
Los niños en etapa escolar deben dormir entre ocho y diez horas diarias. Fijar una hora para dormir.
Si no lo hace, al día siguiente se sentirán incómodos, decaídos y de mal humor; además, es probable que tengan problemas de atención en la escuela.
Limitar la televisión y los videojuegos. Comer con la televisión encendida disminuye la comunicación. ¡Ojo con el contenido!
La paz y el mejor futuro para el ser humano dependerá de que logremos desarrollar en nosotros y en nuestros hijos, habilidades para aceptar las diferencias.
Entendernos, colaborar unos con otros y gozar de la convivencia. Fomentar la solidaridad y la tolerancia. No educar para defenderse sino para vivir en convivencia.  Comparte este articulo,  con tus amigos, y conocidos,  espero sea de gran bendicion, asi como lo fue para mi. Gracias por leerme.